Llovía, algunas personas corría con shorts deportivos y playeras numeradas, otras tantas estaba en la motofiesta, y algunas más sorteamos tráfico y charcos para llegar a la Primavera que se escuchaba en el Teatro Bicentenario.

La Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la batuta de Carlos Miguel Prieto interpretó Juegos de Debussy y La consagración de la Primavera de Stravinski para conmemorar el centenario del estreno de ambas obras. Ninguna de ellas fue un gran éxito en su época, la primera por no haber sido claro su argumento coreográfico y la segunda por su estridencia, por retratar auditivamente la violencia, el sacrificio antes que el canto de las aves o el florecimiento de las plantas. Recordemos que varios compositores han escogido la primavera como estación a traducir musicalmente: Vivaldi, Brahms, Grieg, Copland, Beethoven, Debussy, Schumann.

La tendencia era emplear sonidos suaves, ritmos que buscaran que el oyente imaginara lo plácido de esta estación del año, su gozo, lo benévolo del clima, la bonanza. Con Stravinski, la interpretación cambia, los sonidos son fuertes, espirales por donde asciende y desciende constantemente nuestro ánimo, por algo en 1920, el crítico Paul Rosenfeld escribió:

“Los nuevos órganos de acero del hombre han engendrado su música en La consagración de la Primavera. Porque con Stravinski, los ritmos de la maquinaria han entrado en el arte musical. Sobre todo, es el ritmo, el ritmo rectangular, absoluto y enfático, un ritmo que se agita y late y se reitera y danza con toda la incansable perfección de la máquina, y avanza y retrocede y se dispara hacia arriba y luego desciende, con el inhumano movimiento de unos titánicos brazos de acero”

El 19 de octubre, el sonido de La consagración de la primavera envolvió al público asistente al Teatro del Bicentenario en la ciudad de León, Guanajuato. La fidelidad acústica del recinto recibió menciones del director Carlos Miguel Prieto, quien encantado dijo que para disfrutar la mejor acústica del país, la orquesta volvería a interpretar la última danza, justo la que causó un motín el día de su estreno (29 de mayo de 1913) en el Teatro de los Campos Elíseos en París.