Agua dulce, el vientre de tu madre, en la tina donde te bañan, en la alberca donde te ejercitas, en los ojos de quién te escucha mirándote, leyendo lo que el alma expresa.
Agua salada en las lágrimas, en el mar que te succiona y empuja, te hunde y te arroja a la arena.
Agua pesada la del aire que entra rutinariamente y sale decepcionada entre una piel que sólo alberga una pregunta ¿hasta cuándo?