Cada tres meses recibía rosas si acudía a la plaza y escuchaba la fuente mientras leía un libro. Durante tres meses se preguntaba si en lugar de rosas, preferiría gladiolas, aves del paraíso, tulipanes, orquídeas, pero cada tres meses regresaba por las rosas, si no ¿quién lo haría? Durante tres meses cambiaba de autores y escribía reseñas sobre ellos, pero cada tres meses leía al mismo autor bajo el murmullo de la fuente, si no ¿dejarían de llegar las rosas? Durante tres meses buscó el libro, vacío su casa, descubrió lo espaciosa y blanca que era. El libro, recordó, lo olvidó en la banca hacía tres meses. El timbre sonó, recibió violetas.