Estar sola aún cuando se tiene pareja es una soledad peor que estar sola sin pareja y con la posibilidad de tener o no, sólo dependiendo de ti. Esa es una soledad que se llama libertad, que se obtiene cuando somos verdaderas a nosotras mismas y dejamos el miedo atrás.

Alrededor de mí, mujeres en el proceso de separación me comparten sus historias, conversamos y vamos descubriendo que no estamos solas. Lo que voy encontrando de similar en nuestras historias es que somos mujeres creativas, apasionadas, amorosas. Ante el “me voy” de la pareja nuestro mundo se derrumba porque perfeccionistas que somos no entendemos qué hicimos mal. Repasamos cada detalle de la historia como en un análisis cuadro por cuadro, buscando indicios en el asesinato del amor ¿en qué fallé, qué no vi a tiempo? Nos recriminamos. Cuesta trabajo concluir que quizá no hicimos nada mal o que los errores también se comparten, que la partida de la pareja puede deberse a su búsqueda personal y no a nosotros. O quizá a que son unos cerdos y no se sienten cómodos entre diamantes. ¿Importa? El hecho es uno: estamos solas (sé honesta seguro llevabas mucho así sólo no lo reconocías porque había un fantasma al lado). Sola y sin fantasma es un gran comienzo.

Inicia una nueva vida ¿a poco sólo Mario Bros merece tres vidas? Voy en mi cuarta y soy feliz porque aunque constantemente desearía compartir mis días con una pareja, ahora sé que mejor sola y esperanzada que con la pareja equivocada y en una soledad que es una cárcel bajo el agua, te ahoga, te inmoviliza, te mata. Mejor sola con pulmones hambrientos por aire, con manos deseosas de amar a los hijos, los proyectos personales, la familia, los amigos, a la vida por darnos una nueva oportunidad. Mejor con la mente libre y deseosa de crear.

Tres años después recorro los espacios que antes dolían y agradezco lo que me enseñaron. Los miro sin nostalgia, sin culpa, sin ganas de volver.

Deja de mirar cuadro por cuadro, quema la película y ponte a filmar una nueva, no todos pueden crear una nueva vida. Agradece (a Dios, si eres creyente) el regalo del perdón (la nueva oportunidad de ser quien quieres ser), frente a ti hay un mar abierto y una nueva tierra esperándote sin fantasmas, sin soledad opresora, únicamente esa que se llama libertad.