“¡La comunidad está demasiado satisfecha para preocuparse!”  (Marcuse, 1981: 115).  Si te alcanza para coca, maruchan, tele, y tienes tiempo y actitud para esperar por siempre en los servicios de salud, entonces qué más da que unos se llamen periodistas y otros hagan el #IceBucketChallenge sin donar, otros más nieguen estar en una fiesta poco familiar, aunque se les ve clarísimo en el video. El entretenimiento es el verdadero alimento y parece el único derecho universal.

¿Quién se preocupa? Si todos están demasiado satisfechos ¿Quién se preocupa por los que no pueden preocuparse porque están demasiado ocupados sobreviviendo aislados, sin comida, sin ropa, sin educación? ¿Quién contribuye a que el pensamiento no sea unidimensional sino independiente, autónomo, con derecho a la oposición (verdadera, no simulada)?

Sea Téllez, Legarreta, Araiza, López Doriga o alguna otra estrella de la noticia, la realidad (para mí) es que hace tiempo percibo una simulación en el quehacer periodístico y eso me alerta porque una sociedad sin periodistas es una sociedad sin puentes, interpretes, voceros de lo que debería ser el diálogo social, político, cultural. Pasteles adornados de betún y crema batida, son sólo eso, adorno, te dejan con hambre (¿sólo me pasa a mí?). Hambre de saber qué se cuece realmente en el horno, en la presidencia, en las escuelas, en mi colonia. Si quienes supuestamente tenían como valor la verdad o el decir lo que otros no estaban diciendo, optaron por simular, algo peor que la censura ocurre. En la censura queda claro la postura de quienes se enfrentan, es evidente lo que cada parte busca, pero en la simulación se da la peor represión, es como el síndrome de Estocolmo, tanto tiempo llevamos secuestrados que ya nos enamoramos del secuestrador. Sobran los controles de censura porque existe la autocensura (más barata y menos escandalosa), porque para estar en contra o criticar hay que discriminar información y eso implica pensar distinto, pero ¿quién puede hacerlo si está saturado de información? ¿cómo distinguir qué sirve y para qué? ¿cómo clasificar? No se suponía que para eso existían los periodistas, los académicos, los líderes de opinión. Agradezco aquí a quienes no han caído en la simulación, a quienes aún hacen un ejercicio periodístico con investigación, con crítica, con información por el valor de la misma no por el chayote. Pero reconozcámoslo no son la mayoría y no alcanzan a la mayoría y aunque lo hicieran ¿podrían digerirlo o le cambiarían de canal, cerrarían la página? porque el adoctrinamiento es entretenerse.

Sí rápidamente volveremos a los gatitos y las risas con Trending Topics nacionales, pero no es cosa menor que estemos tan satisfechos con reformas que no llevan nuestro nombre (porque quienes nos representan parecen no hacerlo) o con reglamentos de colonos que también desconocemos porque es sólo sobre las reglas de convivencia en mi colonia ¿a quién le importa? ni sé cómo se llaman mis vecinos.

‘‘Eso suena muy bien, eso suena muy bonito, es muy motivante, de verdad, emociona escucharlo’’ ¿cuántas veces lo aplicamos, a qué temas, por qué? Esa es la autocensura, eso es el pensamiento unidimensional. Tener euforia dentro de la desigualdad no nos hace democráticos, justos, felices. “Al menos puedo descansar, divertirme, consumir, amar… ya la coca con mi nombre es ganancia” eso es vivir unidimensionalmente. “El hecho de que la gran mayoría de la población acepte y sea obligada a aceptar, esta sociedad, no la hace menos irracional y menos reprobable” (Marcuse, 1981:24)