por Julia Cuéllar     @juliacuellar82

IMG_0137

Se abre el telón, un quiosco nos transporta a un parque donde un organillero y su chango nos contarán la historia de una niña rebelde, una niña nacida en 1907 cuya revolución nos alcanza incluso hoy en el 2014.

Son las siete de la noche del 11 de octubre y un auditorio dispuesto a ser un niño otra vez, acompaña a sus hijos a conocer la biografía de Frida Kahlo en la obra Alitas pa’ volar de la compañía Foco! Teatro.

Es una representación escénica ágil, divertida, didáctica, que en momentos emplea títeres y en otros, la actuación cómica y atractiva de Debby Báez como Frida y el multifacético, Orlando Tovar como organillero. Quien también es el guionista y director de la puesta en escena.

Vemos crecer a Frida y sus primero acercamientos a la pintura porque su padre era fotógrafo y lo ayudaba con el retoque de las imágenes, nos remarca el chango: No había Photoshop.

En su adolescencia conoce a Diego, quien pintaba murales en su escuela, después del trágico accidente en que casi pierde la vida se acerca a él solicitando su tutoría para pintar. Este hombre con cara de rana, como la joven Frida lo llama, acepta y una relación de amor-odio, matrimonio y separación inicia.

Los vemos recorrer el mundo mostrando su arte, el público observa reproducciones de las obras más famosas de Frida. Hacemos pausa en el momento en que André Breton le indica que su obra es surrealista. Jugando con las palabras, Frida responde: pues será muy “su realidad” pero lo que yo pinto, es mi realidad.

A lo largo de la obra, se muestra a una Frida enérgica, imparable, convencida de su amor por Diego y su pasión por la pintura. Una mujer que a pesar de sus dolores físicos posee un espíritu libre. Frida en escena baila con sus muletas, las avienta, representa la fuerza de un ser humano que reflejó en su obra la magia que rodeaba su vida, su capacidad para cruzar los límites, incluso los que su cuerpo le imponía después de su accidente.

IMG_0146

Una Frida agonizante, pero orgullosa de su trabajo arriba a la inauguración de su exposición en solitario. El público pide a gritos que sea ella quien corte el listón.

El final lo conocemos todos, ella muere, pero Foco! Teatro deja la frase célebre para la última escena, donde una Frida con alas blanquísimas, tocado de flores, rodeada de burbujas bajo luz cenital, emprende un vuelo infinito como gran artista: ¡Pies, para qué los quiero si tengo alas para volar!

Foco! Teatro se fundó en el 2010 como una opción distinta, creativa y original ante las compañías de teatro para niños que sólo repiten los estereotipos del entretenimiento televisivo. Esta compañía originaria del estado invitado de honor del Cervantino 2014, busca con sus producciones gestar un teatro familiar y lo hacen a través de espectáculos inteligentes, reflexivos y divertidos.

Orlando Tovar, director de esta compañía se ha especializado en dramaturgia infantil y en títeres. Ha montado las obras: Niño Tornado, El principito y el aviador, y Alitas pa’ volar.