Su risa me hace creer que hay un mundo por explorar. Su voz me alienta a contar historias. Sus ojos entrecerrados, sus oídos atentos, me hacen sentir como Sherezada, debo seguir narrando para conservar la vida. Sin su escucha, yo muero. Había una vez un príncipe persa y una sirena, somos él y yo, ¿lo sabrá? No cubras tus oídos, amado Señor. Había una vez un príncipe persa y una sirena que lo amaba con devoción. #delirio