Solía esconder mi amor, guardarlo para cuando fuera correspondida, eso sólo me provocó tristeza, dolor, angustia, desesperación, me hacía sentir incompleta, anhelando lo que faltaba. Un día decidí amar dándolo todo, esperando que me correspondieran porque ¿quién puede negarse a ser amado? De igual forma viví angustiada esperando un resultado sin disfrutar el presente y forzando lo ideal. Otro día simplemente amé, después de un corazón con tantas cicatrices, vendajes y dudas, lo único racional es seguir amando. 

Descubrí que negar mi amor me destruye, darlo esperando el retorno de ese amor, me violenta. El amar y enunciarlo, el amar y actuar consecuente con ello, el amar aceptando que hay muchos no antes de un sí, hace que viva tranquila, confiando, aprendiendo. Las cicatrices dejaron de doler y se volvieron zanjas en tierra fértil, han nacido hijos, libros, amigos, otras yo que voy conociendo. Es entrenamiento, en algún lugar otro entrena también y un día, quizá, nos encontraremos empapados después de tanto nadar en el amor. Nos miraremos y reconoceremos que otro ha pasado su vida entrenando para un amor de 10 porque cualquier otro amor de pareja es absurdo. De aquí a la eternidad, ¿aguantas? De aquí a la eternidad y de regreso ¿aguantas tú? Y sin más iremos mar adentro a seguir aprendiendo a amar pero acompañados por un campeón que ya aprendió que amar es perfectible, amar es presente, amar es constantemente mirar al otro, la situación y ajustar rumbos, es compartir, es vivir. Si no nos encontráramos, también probable, al menos habré entrenado y tendré un corazón de campeonato. ‪#‎delirio‬