Daniel Krauze, su nombre suena a olas que se rompen, que renuncian a la espuma que acaricia, que regresan a su origen, el fondo del mar. Dejemos atrás lo espumoso, lo efímero, entremos en la profundidad de Daniel, su apellido hoy no es necesario.

Cuervos es su primera novela, narra la vida sin sentido, monótona e insulsa de una parte de la juventud mexicana. A diferencia de otros que han querido retratar este sector social, Daniel no adjetiva, no condena, no se compromete con nadie, no describe víctimas ni victimarios, retrata lo virtualmente apasionados que viven los veinteañeros en contraste con su real decepción. Aborda lo íntimo y lo público a través de una lectura ágil, divertida, carente de sermones o esperanzas desbordadas, pero repleta de metáforas y reflexión. Su ritmo es directo y preciso, su aparente lejanía es un acercamiento microscópico a una juventud que le tocó crecer sin padres.

A diferencia de sus personajes, Daniel admira a su padre y aunque la gente crea que tienen una relación estrecha de trabajo no es así, ya que Enrique Krauze es un historiador excelente, pero Daniel no busca los testimonios, sino la narrativa. Eligió la literatura porque cree que sirve para entendernos, para no olvidar. Reconoce que la escritura es lo que le da sentido a su vida, su forma de hacer que las piezas caigan en su lugar. La lectura, por su parte, es una fuente inagotable de experiencias y herramientas para sus letras.

Daniel escribe sobre lo que le molesta, por eso escribió sobre una juventud mexicana intelectual y emocionalmente pobre, reconoce que en su momento no estuvo exento, pero encontró en la escritura una forma de nombrar su perturbación, su hastío. Piensa que el problema en México es que sólo hay dos maneras de ser joven: frívolo o culto. Si eres lo primero te la pasas en los antros, con los mismos amigos de siempre, repitiendo conversaciones y botellas. Si eres culto, eres un increíble snob, presumes que lees a Cortázar, Sabines o Benedetti. Es difícil encontrar jóvenes que lean sin ostentarlo y que se diviertan sin rutinas semanales de antros. La cultura no es tu ID, no es una carta de presentación.

Lo que apasiona a un joven no común como Daniel es la honestidad, la gratitud, las personas con ambiciones y la profundidad. Por eso confiesa que a sus 25 años no tiene prisa. Admite que a su edad no ha vivido tanto, no conoce demasiado la vida y tal vez una segunda novela podría estar bien escrita, pero carecería de la profundidad con la que le gustaría realizar su obra. Así que si su próxima novela ve la luz a los 35, le tiene sin cuidado.

Lo que no descuida es su rutina de escritura, todos los días lee y escribe. Al igual que sus personajes favoritos de niño, vampiros y hombres lobo, Daniel disfruta de la noche, las 10 u 11 son su mejor horario para vaciar sus ideas en una computadora. Aunque por el día no se despega de su cuaderno de notas, nunca se sabe cuando una idea puede ser chupada del cuello de la realidad.

Daniel es casi irreal en la juventud mexicana, parece escrito por Ian Mc Ewan, o al menos de ser ficticio, le hubiera gustado ser escrito por él, ya que admira como el autor británico construye personajes. La influencia de la literatura anglosajona es evidente en la narrativa de Daniel que va perfilando su estilo con olas que traen ecos de la profundidad de una nueva generación.

Fotos: Erik Meza.
Fotos: Erik Meza. Contenido publicado originalmente el 19 de mayo de 2008.