“O todos cuentan, o ninguno cuenta” (“Everybody counts or nobody counts”) El detective Bosch se enoja cuando ve que su frase ha sido robada por Zeyas para su campaña a gobernador. Ese es el menor de sus crímenes. Él y la detective Soto, están decididos a rastrear la historia detrás de la bala que después de 21 años incrustada en Orlando Merced terminó por matarlo.

“The burning room” es la novela publicada por Michael Connelly en 2014. Casi parece construida con notas periodísticas de México, así que tal vez la sorpresa no esté en la crueldad, la avaricia o el odio de los personajes, sino en reconocer que cerrando la tapa, apagando el dispositivo móvil, la historia se queda ahí. Afuera, en México eso y mucho más sucede diario y no hay cómo apagarlo, ni tampoco son visibles los detectives como Bosch y Soto, comprometidos con la verdad. Leer esta novela es una forma de poner perspectiva a situaciones que vivimos, reconocer que aunque queramos todas las respuestas, nunca las tendremos, como bien remarca el libro: “Cada caso tiene preguntas sin respuesta y cabos sueltos cuando se trata de motivos y acciones. Bosch siempre pensó que si empiezas con la asunción de que el asesinato es una acción irracional, entonces ¿cómo podrá alguna vez haber una explicación razonable para ello?”

En una plaza de Los Ángeles, un mariachi sufre un intento de asesinato, un candidato joven promete velar por él y por la seguridad de todos. Orlando se volverá el centro de las campañas de Zeyas. Bosch tiene suficiente experiencia para saber que “de buenas intenciones están llenos los panteones”, por lo que a pesar de los años transcurridos, decide investigar a profundidad el disparo que paralizó a Orlando y finalmente lo mató.

Su compañera Lucy Soto lo convencerá de revisar un caso más, el incendio de una guardería ocurrido con pocos días de diferencia entre el disparo a Orlando y el robo a un banco. ¿Qué conexión hay entre los casos? ¿Por qué Lucy tiene tanto interés en el incendio?

Bosch está a punto de jubilarse, Lucy apenas comienza, pero ambos son trabajadores, apasionados por descubrir la verdad, meticulosos en sus investigaciones. La novela da cuenta de los arreglos que las autoridades hacen por acabar con este tipo de detectives que trabajan más allá de su sueldo, que lo hacen por convicción, incomodando a varios con sus descubrimientos.

“Estaré bien. Lo que tienes que recordar es que eres una gran investigadora. Conoces el secreto. No dejes que los tontos de aquí te hundan. Tú tienes cosas que hacer, Lucy”.

La esperanza que deja la novela es que quien se compromete con su trabajo hace un bien social, tal vez no encuentre la justicia en los tribunales, pero descubre hechos que pueden dar paz a algunos, molestias a otros, y sobretodo pone una advertencia: aún hay quienes creen en la honestidad y seguirán buscando la verdad incansablemente, cuida tus acciones.

Lucy y Maddie, la hija de Bosch, son dos personajes femeninos fuertes, que saben lo que quieren, muestran sus convicciones y se preocupan por los demás. Encuentran en el esfuerzo y el trabajo su gratificación por hacer lo que les apasiona. Agradezco este tipo de personajes femeninos porque diseñan nuevos paradigmas de ser mujer. Bosch como padre y compañero de trabajo se manifiesta como un hombre respetuoso, que guía sin dominar y que protege sin asfixiar. Es ficción, pero las historias que nos contamos, además de retratar nuestra realidad, proyectan lo que deseamos y Michael Connelly me ha ganando con esta novela donde las mujeres son fuertes, inteligentes, independientes y saben trabajar en equipo. Y como dice Bosch “O todos cuentan, o ninguno cuenta”.