Y entraste como una ola
Alzándote con fuerza para obligarme a mirarte
Te deslizaste sigiloso sobre mi arena y me sacaste una sonrisa
El atardecer del día uno

Tomaste mis ojos y los guiaste hacia mí
“Hermosa, pero qué hermosa”
Llenaba tu voz el claroscuro
Y fue el atardecer del segundo día

Me abrazaste el pasado
Y me besaste la frente
Sujetaste mi mano con la tuya
Hubo paz y silencio
Anocheció el tercer día

Contamos historias y sueños
Echamos predicciones y deseos
Nos besamos, como quien pinta su mano en la cueva:
La oración, el hogar, la memoria y el instante fugitivo en un solo acto.
Y fue la tarde del cuarto día

Cuidaste de mí y yo de ti
Me dejaste saber tu ruta
Yo acepté hacerte la maleta
Dormimos abrazados
Y fue la noche del quinto día

Nos conocimos lo suficiente para amarnos y aceptar la vida entre nosotros
Jugamos con las estrellas del sexto día
Nos regalamos metáforas y tiempo

Y fuiste mío
Más mío que yo a mí misma
Ya nunca más
Y fui tuya
Más tuya que tú a ti mismo
Jamás
Y fuimos, sin daños, sin amos
Porque el amor que verdaderamente comparte no parte a los seres, los magnifica.
Y fue el atardecer más naranja y púrpura en el séptimo día.