Si yo fuera ustedes estaría invirtiendo en agua y almacenando semillas, parece decirnos “La gran apuesta” (The Big Short), cinta dirigida por Adam McKay, basada en el libro de Michael Lewis. No es una cinta sobre la crisis financiera del 2008, la muerte del capitalismo y el beso del gobierno que revivió la economía a costa de las pensiones, los ahorros y el pago de impuestos de los trabajadores. Es una película sobre la corrupción del ser humano; “el fin justifica los medios” como único valor; “El que no tranza no avanza”, como endulzante de la mentira.


La cinta nos da datos, que de momento no son fáciles de seguir si desconocemos de crédito, de bolsa de valores, de porcentajes de interés, y juega con ello para decirnos lo evidente: la mayoría vive de sumar y restar, firma pagarés (básicamente cualquier sistema de crédito, desde las mensualidades del celular hasta las de la casa o el seguro de gastos médicos) sin hacer proyecciones a futuro. Quienes brindan estos préstamos o sistemas de crédito se aprovechan y quienes en Estados Unidos debían regular o calificar los paquetes de crédito decidieron no investigar, había que aprobarlo todo, total ¿Cuándo se ha acabado la economía? Sí, el problema de no estudiar historia o confiar en que alguna solución aparecerá, así sea decir: lo siento, no sabía lo que hacía, total ¿Cuándo no hemos perdonado u olvidado? Hay muchos que suman y restan que pueden ser sacrificados.

Poco a poco, la película comienza a manejar ejemplos sencillos. Vamos entendiendo que el conductor designado está borracho y todos seguimos en la fiesta dentro de un auto a punto de estrellarse. Christian Bale, Steve Carrell y Ryan Gosling nos dicen sin reparos: somos idiotas, narcisistas, niños emperador y no hay quien ponga límites. La economía colapsó, afecta a seres humanos, no a números en una pantalla del Wall Street. Nos han visto la cara y está sucediendo de nuevo.

Mentir para conseguir lo que quiero a corto plazo, carecer de ética laboral, hacer lo que sea con tal de que me elijan a mí y no a mi competencia, se reduce a saberme solo y sin relación alguna con el otro. El boomerang siempre vuelve, otros también se supieron solos y sin relación conmigo, el resultado: todos nos dañamos porque cada uno trató de sobrevivir en lo individual y no como comunidad. Que le pregunten a Iñárritu y su renacido, el gran drama del capitalismo es ver los recursos y las personas en función del dinero que generan sin importar el costo (que a la larga resulta más caro que el beneficio).

¿A mí qué si vivo en México? Claro, Grecia colapsó, España se declaró en crisis económica y ambiental, pero el aumento del dólar en la tierra azteca no tiene nada que ver porque Andrea Legarreta lo dice: nuestra economía es fuerte. ¿Qué sustenta el valor del peso?

La gran apuesta, es presentada como comedia, así como me presentan el crédito como una inversión que me dará una casa o dinero para el retiro, en ambos casos, es una historia de terror. El capitalismo murió y a falta de un nuevo sistema, bailamos con un zombie. ¿Hay esperanza?

“Al final culparán a los inmigrantes y a los pobres”, eso ya lo escuchamos en el discurso de Donald Trump y olvidamos muy rápido, porque al señor no le está yendo mal en la recolección de votantes, otra vez habrá quien firme pagarés dejándose llevar por las promesas sin hacer proyecciones. El zombie sobrevive, “más vale malo por conocido que bueno por conocer”

  • Señora, pase a la salida, toque el interfon y dígame que es la del problema de las monedas, yo le abro la pluma.
  • ¿Allá me cobran?
  • No Señora, no puede pagar porque no trae billetes y sólo tiene monedas de 50centavos que las máquinas no reciben, la dejo salir y ya.

-Wow, burlé el sistema- pensé-. Eso debieron pensar muchos en la cadena de apuestas que llevaron al sistema económico a colapsar. En algún punto nos creímos que ser listos era romper las reglas, realizar actividades ilegales, justificar nuestras decisiones con “sólo obedezco órdenes”.

Me quedé mirando mis monedas de 50 centavos, ¿Qué clase de sistema es que no puede recolectar lo que produce? Mis diez pesos exonerados por el joven en el interfon tal vez no hagan que colapse la economía global pero así debió pasar en la crisis del 2008, excepción tras excepción hasta que era una gran deuda.

¿Por qué me dejó salir el joven? ¿Por convicción, por ayudarme, por un error en el sistema de cobro, porque no es su dinero? ¿Por qué alguien otorgó préstamos a quienes no podían pagar? ¿por convicción, por ayudarlo, por un error en el sistema de cobro, porque no era su dinero? ¿Por qué apostar en contra de la economía americana termina siendo la manera correcta de estar en el sistema? Vaya paradoja para un zombie que tiene al mundo mirando sus monedas de 50 centavos y preguntándose ¿ahora qué hago para salir de aquí?