Para un año como el 2017, más nos vale estar preparados a responder lo que nadie ha preguntado y a saltar de una solución a otra para los mismos problemas. Los tan recurridos propósitos de año nuevo, deberían ser un tópico en extinción, dado que más nos tardamos en formular una idea que el mundo cambió de nuevo. El cuerpo, la mente, el corazón, se acostumbran a las rutinas y mantenerse atlético, positivo o enamorado requiere de modificaciones en las estrategias para alcanzar ese estado de plenitud que tardamos en conseguir y dejamos ir rapidísimo, según mi perspectiva del adoctrinamiento capitalista: nueva temporada, nueva moda (cuerpo, mente y corazón se rediseñan).

 ¿La renovación es buena por sí misma? Es una duda personal. Tampoco estoy a favor de lo inmutable, pero ¿por qué tanta celeridad en nuestros actos? Apenas me acostumbré a ser delgada, quise ser fuerte. Apenas amé la natación, deseé volver a la danza y tener músculos. Apenas me enamoré, no, eso no ha sucedido. ¿Por qué vemos los nuevos años como la oportunidad para iniciar proyectos? A mi parecer, cualquier día funcionaría una vez que decidiste implementar una transformación. ¿Será nuestra necesidad de ritualizar? ¿De validar los inicios con los likes y miradas de los demás? De entre lo bueno, que ha dejado la globalización, está que el año inicia cada que quieras, porque si no es el calendario chino, es el maya, el gregoriano, el juliano o el wicca. Hay tiempo para todo y para todos, reinicie según su deseo. ¿Alguna vez concluimos o dejamos principios por doquier? El síndrome “a todos diles que sí, pero no les digas cuándo” Sí voy a adelgazar, sí voy a trabajar en mi autoestima, sí voy a estudiar un posgrado, sí voy a detener los gasolinazas (Ah, muchachos que no entienden bien, no dijo eso). En la euforia de la renovación, damos pasos sin dirección, y creo que es una razón para seguirnos tropezando con nuestras buenas intenciones. ¿Dónde dejamos el trabajo y la constancia? (En el nombre del colegio de mi padre, chiste local).

Mi cumpleaños es la fecha donde reinicio los años, el mes con las mejores lunas, se me antoja femenino y mío. Sigo rediseñando una vida para tres, siendo madre soltera sigo escuchando: búscales un papá; si no sabes cocinar, quién crees que te va a querer; nos casamos pronto porque no estás tan joven y falta que me hagas un hijo; eres una mujer increíble y quiero que nuestra relación crezca pero no me gusta que escribas sobre ser mamá; para ser mamá no estás tan mal (mirada que escanea mi cuerpecito); un día te va a amar un hombre y serás feliz. Rediseño: soy madre y soltera. Soy feliz. Un día es hoy. Cocino a quienes amo. Soy mujer, no un vientre en alquiler. Mi cuerpo es hermoso, fuerte, inteligente. Admito que de vez en vez quiero tirar la toalla, declararme vencida, aceptar esas propuestas de matrimonio que me cosifican, ¿quién soy yo para ir contracorriente? Entonces reinicio: ¿quién eres tú para indicarme el flujo de la vida? ¿por qué renunciaría a mí? Sí, entre crisis económicas, paradigmas sociales sobre ser mujer, mujer de cierta edad, mujer madre soltera, mujer sin hombre, pueden parecer adecuadas, necesarias, incluso la única salida, opciones que nos limitan. El miedo paraliza, entiendo, pero ¿cuánto más tendremos que aguantar imposiciones sólo para imaginarnos seguras? (es ilusión porque aún ninguna mujer está segura). 
Desconozco cuánto más aguantaré, pero reiniciaré tantas veces sean necesarias, es parte de creer que puede ser mejor, diferente, mi decisión. Ilusión también, pero pretendo que incluso Sísifo fue maravillándose con el paisaje de cada subida y bajada de la piedra. El spoiler mayor de la vida es su final y ¿vas a dejar de vivir por eso o de reiniciar?