Antes de ver a La Mars, un ex alumno me entrevistó sobre mi vida, era una tarea para su clase de Persona, donde dicen, lo enseñan a reflexionar y proyectar. Le conté que mi sueño desde niña fue escribir y que desde entonces lo hago, que en la prepa hacía cómics con mi novio, imprimíamos (en copias) la revista cultural de la escuela (no había maestros guiándonos, ni acompañándonos en las juntas editoriales, que eran más bien fiestas y lluvias de ideas, tampoco nadie nos censuraba, obvio no era una revista oficial, pero nuestros compañeros jugaban a ser nuestros lectores) también nos escapábamos de clase y luego había que pedir trabajos extra para pasar la materia o desvelarnos-amanecernos, e irnos en vivo, por hacer todos los planos y dibujos que no hicimos en las 5 horas de clase de cada semana, pero eso sí faltar a la fecha u hora de entrega, imposible.

En la universidad fui editora de una revista, ahora sí oficial. Me metí a cuánto taller de escritura pude y he seguido haciéndolo desde entonces.

En mi caso, el placer de poder decidir en qué momento me concentraba dentro de los límites de los plazos y reglas, combinado con la libertad de hacer sin que los adultos estuvieran tan al pendiente, hace que recuerde mi adolescencia como un gran período de crecimiento. Claro que quería tirarlo todo por la borda, mi madre había muerto, el sistema religioso, médico, cultural me habían fallado. Lo único que se me ocurrió fue confiar en que la educación me enseñaría a ver más allá de ese momento, después de todo había un padre que seguía de pie y haciendo lo que le tocaba, ser ejemplo. Algo debía funcionar o él lo hacía funcionar.

Hoy que soy madre y maestra me ocupa el enseñar a trabajar, a pensar, a hacer. Me encanta decirles a mis alumnos, mis clases son talleres y es como nadar. El deporte es un ejemplo cercano, si no entrenas (básicamente es una serie de repeticiones de lo que se espera de ti) no podrás responder en el juego. La educación es igual, si no entrenas, cómo esperas ser eso que anhelas. Y entre berrinches y ¿para qué esto? Voy leyendo cuentos, investigaciones, proyectos con potencial. Como respondí en la entrevista con mi ex alumno. Mi mayor temor, no poder educar hijos autónomos, independientes, ser una madre que resuelve antes que una que reta y acompaña. Mi mayor esperanza, que mis hijos crezcan en la equidad, el respeto y el amor. Que desde ahora vayan dedicando tiempo a lo que aman, sea pintar o jugar ajedrez. El mundo no se acabará por la generación de La Mars, más probablemente (si quieren ser fatalistas, que ya he leído textos así al respecto del tema) por los adultos que no estamos aprendiendo a ser para esa generación. La adolescencia es la edad de cuestionar el sistema, cada generación lo hecho con los recursos que tuvo, no me digan que los 68 no soñaron y el sistema les falló o simplemente cambió y por ende no les dio las respuestas que esperaban. ¿No será igual ahora?

Ni heroína, ni víctima, somos sociedad. Insisto, lo que hizo fue removernos al adolescente que tenemos dentro y lo que no pudimos resolver de ese tiempo de vida. Incluso hablar de sistema ya suena pasado de moda ¿no creen? Y la verdad es que es una copia del episodio 2 de la primera temporada de #BlackMirror
A navegar. A entrenar, porque el juego cambia cada vez más rápido. No tengo preguntas, ni respuestas, escribir es mi entrenamiento y a veces hasta me contratan o me entrevistan mis ex alumnos y me recuerdan que soy una chavarruca (no tan distinta a La Mars) que trabajando sigue cuestionando y explorando la realidad. Convertir lo observado en narrativa mi juego favorito. Lo que nos hace diferentes a La Mars y a mí es que ella consiguió creer que revolucionó mentes y yo sigo jugando a que mis amigos son mis lectores y mi mente se revoluciona solo por el placer de unir palabras. #34 #ElCorazónQueContempla #Gracias4taVida