“Anna Gordon held her child to her breast, but she grieved while it drank, because of her man who had longed so much for a son.”

The well of loneliness by Radclyffe Hall

Ahí estaba escondida debajo de las escaleras, esperando que la casa durmiera. Sigilosamente tomé la llave, abrí el librero y saqué El pozo de la Soledad de Radclyffe Hall.

Era un libro azul marino, sólo su lomo tenía con letras doradas el título y autor. Un día comencé a leerlo a la vista de todos porque ese librero estaba abierto. Apenas se dio cuenta mi tía, gritó agudamente, me arrebató el libro, tomó la llave y cerró el librero.

No escuché lo que dijo, sólo puse atención al lugar donde guardó la llave. Prohibido, fue todo lo que entendí de la escena. Tenía como 13-14 años. Desconocía el mundo LGBTTTQI. Mi entendimiento del mundo era: las personas pueden amarse porque son personas, ni idea que había gente que se oponía o que las leyes impedían garantías para algunos o que había asociaciones, símbolos, marchas, una historia viva. Era 1995-1996, Guanajuato, Guanajuato, estudiaba en un colegio de monjas.

“Do you think that I could be a man, supposing I thought very hard or prayed, Father?”

The well of loneliness by Radclyffe Hall

Mi acercamiento fue literario, no por ello menos humano. Comencé a leer El pozo de la soledad, por las noches, escondida debajo de la escalera. Empecé a identificarme, claro, a mí también me gustaba trepar árboles, correr, también me sentía distinta. Pero la diferencia era que no quería ser un niño, sólo quería que no me vieran raro por andar con las rodillas siempre peladas, con costras en las piernas, despeinada pero eso sí, amaba mis vestidos y mis libros. Stephen, la protagonita y yo teníamos otra cosa en común, nuestro padre nos aceptaba así como éramos. A lo mejor no lo gritaban al mundo, pero sabíamos que éramos sus consentidas.

Stephen no era aceptada por su madre y comenzó a darse cuenta que no había lugar en el mundo para alguien como ella. ¿Cómo? interrogaba al libro ¿Esto debió pasar hace mucho tiempo? ¿A poco hoy, hay personas que no pueden existir? ¿Según quién? ¿Será por eso que mi tía no quería que leyera este libro?

La empatía que sentí por Stephen no la he tenido por otro personaje de ficción. Su dolor era el mío, su impotencia, su entrega, su tristeza, su soledad era algo que me calaba en los huesos, en el alma. Lloraba, cerraba el libro y volvía a pensar ¿Por qué? ¿Cómo alguien puede sufrir tanto y a los demás no les importa?

Con ese libro también descubrí que la literatura debía romper paradigmas, obligarnos a cuestionar, contar historias prohibidas, según mi tía. “No es para tu edad”, decía.

¿Qué tienes que vivir para poder escribir esto? cuestioné, me pareció importante lo que la escritora había logrado en mí. Era una novela inglesa de 1928 que estaba revolucionando mi mente en los 90’s en México.

Gocé con Stephen el encuentro y el amor a Mary. ¿Será que soy lesbiana y no lo sé? Continúe leyendo. Mis ganas de abrazar a Stephen se volvieron una lectura tempestiva hasta el final. Terminé extasiada, tumbada, con el libro azul sobre mi pecho. ¡Qué gran historia! Nadie merece tanto dolor ¿El mundo no puede seguir siendo así o sí? Crecería para descubrir que aún hay familias que no aceptan a sus cosanguíneos, que no todos están dispuestos a documentarse, a compartir, a dialogar sobre temas de diversidad y derechos humanos. Hay quien aún teme perder amistades, recuerdo cuando algunos amigos me dijeron:

-Tengo algo que decirte, a lo mejor después de esto ya no quieres ser mi amiga. Soy gay.

– Si eso cambiara nuestra relación, qué clase de amiga sería. Seré tu amiga siempre.

Sin importar si eran hombres o mujeres, la conversación se repetía. Sigo sin concebir que las preferencias sexuales sean un factor para seleccionar amistades.

“Now come on, say your prayers, Mrs. Bingham would order, and you’d better ask the dear Lord to forgive you impious I calls it, and you a young lady! Carrying on because you can’t be a boy!

The well of loneliness by Radclyffe Hall

No soy experta en el tema, no soy lesbiana, pero me gusta leer y creí necesario compartir que hay tantas historias de amor y dolor como seres humanos. La literatura nos acerca a algunas, esta es un buena narración si deseas ir abriendo tu mente, tu corazón, es ficción ¿Qué daño puede provocarte? Cierra la tapa si no te gusta. Lo que no podemos es cerrar los ojos a una realidad que condena al dolor, al desprecio, a la depresión, a la invisibilidad. Que reproduce mensajes o crea estrategias para legitimizar tratamientos de corrección, de odio o intolerancia.