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Julia Cuéllar

Letras desde lo cotidiano

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La hormiga

Entre lo mágico maravilloso de hoy estuvo contemplar cómo una hormiga roja salió tranquila de mi bolso. Lo hizo justo del lado del castillo interior, ese laberinto circular de Remedios Varo, que dependiendo de nuestra mirada nos invita a salir o a entrar. ¿Por qué la hormiga salió por ese lado? ¿Algún mensaje del universo?

El otro lado de mi bolso es naturaleza muerta resucitando. Creo que me hubiera asustado o asombrado más si hubiera salido de ahí. El origen de esta hormiga es probablemente, mi casa, donde desde hace meses siento que nos saldrán colas de cerdo y el más pequeño será devorado por formícidos. Cada día hay que limpiarlo todo, tratar que los pequeños seres vuelvan a sus túneles. De alguna forma, una escapó y llegó aquí, al colegio. Se bajó en la mesa de la cafetería mientras pensaba sobre un proyecto que me permita explorar otros mundos: viajar, le llamamos los humanos coloquialmente. Esa hormiga encontró mi bolso, ¿qué bolso me llevará a mí, a la mesa de una cafetería desconocida?

Salió del castillo interior,  no  de la naturaleza muerta resucitando. Me mostró dirección, como el hilo de Ariadna ¿estaré lista para subirme al bolso? ¿para salir cuando toque? Lo claro es que no hay que esperar la resurrección.

Hormiga roja, vaya mundo mágico maravilloso de posibilidades me iluminaste. Obvio que he leído en ti los mensajes que una Julia escritora manda y manda y manda a una Julia que busca y busca y busca ignorando el castillo interior. De pronto hay telegramas que sí lee y prefiere esperar la resurrección, algo más natural y fácil que navegar a contracorriente en la onírica realidad adulta. Remedios Varo lo hace lucir fácil, incluso parece que sus personajes disfrutan el viaje por los canales del castillo circular, unos van y otros vuelven.

Está por irse la exposición “Remedios Varo. Apuntes y anécdotas de una colección”, tienen hasta el 25 de junio para admirarla en el Museo de Arte e Historia de Guanajuato. 

Al parecer esta hormiga es difusora cultural, en definitiva su origen es mi casa.

 

 

Lo extraordinario sería volver 

—Mamá, encontró a Patricio. Patricio es una estrella de mar. 

Frente a nosotros una actriz interpreta a Emma, una niña de 8 años y medio que es forzada, junto con sus papás, a dejar su país tras la desaparición de su tío. 

El idioma, las costumbres, el calor, le resultan extranjeros. Ella es la extraña con abrigo rojo de 22 bolsos para guardar las cosas pequeñas y extraordinarias que va encontrando y anotando en su bitácora. 
Las cartas con su abuela son su único lazo con su tierra, el mar le parece ordinario, nefasto con su sonido que no cesa. Un gato y una amiga no parecen suficientes ni esperanzadores. 

En el marco del día mundial de los refugiados (20 de junio) se presentó la obra Cosas pequeñas y extraordinarias del Proyecto Perla en el jardín de las esculturas del Forum Cultural Guanajuato. 

La obra escrita, dirigida y actuada por Micaela Gramajo y Daniela Arroyo reconoce que ante las desapariciones de personas y los conflictos sociales desconocemos las respuestas pero eso no impide hablar el tema con los hijos o pretender que no les afecta. Sugerida para mayores de 7 años, es un montaje que atrapa a pequeños y grandes, que abre la conversación en las familias ¿por qué pertenecemos o no a un lugar? ¿Qué pasaría si tuviéramos que huir? ¿Por qué es importante recordar los nombres y las historias de cada desaparecido y no sumarlo como una persona más? 

Ojalá tengan oportunidad de disfrutarla, estará de gira por el país y seguro aprenderán, al menos, a pedir un helado en otro idioma.

Funciones

Una mentira más

En medio de nosotros, el silencio
En medio de nosotros, el amor
En medio de nosotros, el recuerdo y las ganas de olvidar, porque duele.
Duele tu risa, tu cuerpo extraviado
Duele mi pasado, mi sí a ti.
En medio de nosotros, la confianza en retazos.
En medio de nosotros, una mentira más: Nunca pasó.
‪#‎Mío‬

Bienvenidos 32

domingo adios 31

Me parece increíble que mañana a las ocho de la noche cumpliré años por trigésima segunda ocasión. Es domingo, son las dos y media de la tarde, estoy en la cochera, contemplo mi jardín, aparentemente inmóvil pero cuya vida se manifiesta en el crecer del pasto, los geranios y esa planta con hojas en forma de asteriscos que traje desde Santa Fe. Me ha acompañado en la oficina, el departamento y ahora la casa en León donde ha tomado proporciones inimaginables para mí, era una planta de una maceta de menos de diez centímetros de diámetro. Ahora parece un ave con alas abiertas y cola levantada a punto de despegar.

La vida pasa, no se detiene, se abre paso sin importar las circunstancias, sólo entiende de presente, de instantes. Mis hijos son esa vida que es y escapa al mismo tiempo, apenas paso mis manos por su cabello o los acaricio, detengo la mirada en alguna de sus acciones y ese momento ha desaparecido. Ante mi deseo de perpetuarlo se desvanece. Cada vez digo, mi memoria recordará ese momento, pero es mentira, la mente nos juega trucos y las imágenes cotidianas desaparecen o quedan olvidadas debajo de remembranzas más traumáticas o eufóricas. Esos fragmentos de tiempo en que el cabello rubio de mi hijo mayor brinca entre mis dedos y su cuero cabelludo pasa de rosa a blanco por la presión de mis mano recorriendo el pelo, esa imagen acompañada de su voz diciéndome ¿cuánto tengo que ahorrar para comprar mi martillo de spiderman? es lo que quiero recordar y es lo que pierdo.

Se ha ido. Mi hijo va por su cerdito de cerámica azul para ver cuánto dinero falta para llenarlo. El más pequeño, investiga cómo funciona un reguilete. Sopla por encima, por un lado. Observa. Saca el reguilete de la tierra, lo mueve de lugar, espera por el viento y nada, decide volver  a soplar. El mayor baja se sienta a mi lado, coloca frente a él, su cerdo azul y dice: Mamá voy a hablar con mi cerdito. Lo oigo hacer ruidos onomatopéyicos de puerco. Mi jardín, mis hijos, mi escritura de esta entrada de blog en mi cabeza, antes de ir por la computadora donde ahora escribo, eso es mi presente, eso es mi tarde de domingo, la imagen que quiero capturar.

Son 32 años donde mucho he olvidado, donde las vidas se me cruzan y revuelven. Cada fragmento al que he decidido llamar una vida lo nombro así porque un evento violento, doloroso, rompió la continuidad, me obligó a replantear mis creencias, mis deseos, quién era. Estoy en la cuarta vida y soy quien me parecía impensable ser hace unos años. Soy madre soltera, trabajo como maestra, nado, escribo: para blogs, para libros, para guiones de cine, para gestar proyectos o para abrirme paso en el mundo académico. Escribo y es mi constante en cuatro vidas, me hace feliz.

En esta cuarta vida, agradezco a mi cuerpo su fuerza para sanar, su determinación para levantarse incluso cuando el dolor físico y mental era agudo, su energía y constancia para aprender a nadar, su salud. Agradezco a mi mente su iniciativa por limpiar el laberinto, por tejer para sí mismo el hilo de Julia, domar al minotauro, reconocer su existencia y convivir con él. Sus ganas de seguir preguntando, investigando, aprendiendo, proyectando un futuro de letras y tranquilidad. Agradezco a mi corazón su vocación por el amor, por seguir confiando a pesar de las cicatrices, por su fe en que un día latirá en ensamble con otro. Doy gracias a mi vientre por enseñarme el amor infinito, irrevocable, el amor que te enseña entre frustraciones y risas, entre pañales y abrazos inesperados, que contiene en un beso lo eterno y lo efímero. Doy gracias a los amigos y familiares que se han quedado y a los que han llegado. Doy gracias por mis hijos y su paciencia con una madre que dista de ser la mejor. Agradezco a Dios la oportunidad de reconstrucción.

Agradezco el ¡Mamáaaaa! por las mañanas que me despierta en esta realidad que no termino de aprehender cuando ya se ha ido.

#Gracias4taVida. Gracias31. Bienvenidos 32.

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